lunes, 30 de noviembre de 2015

El extraño viaje

El extraño viaje...


Soplaba una ligera brisa fría. La estrellas de las noches reflejaban sus puntos de luz en la superficie del oscuro mar. 

La luna aún no había aparecido en el horizonte. Y yo me impacientaba. Serían las 12 de la noche de aquel  24 de junio .Allí estaba yo, en horas tan poco frequentes, en la Orilla de la playa, esperando a que por fin aparecieran los chicos de la pandilla. Estabamos celebrando la noche mágica de San Juan. Sólo que ese año habíamos elegido un lugar mas discreto, apartado de la marabunta de la gente.

El lugar estaba bien. Amplio y limpio. Con el mar casi mojándonos los pies. Ideal para celebrar una pequeña fiesta...y hacer una hoguera sin peligro.

 Los chicos , que habían ido a comprar unas cosas y a buscar a las chicas, me dejaron sólo, al cuidado de aquello...En principio agradecí la soledad pero poco a poco me impacientaba...(¡bien tardan! - me decía).

Allí seguía, yo sólo, con los pies metidos en el agua...La luna estaba empezando a aparecer en el cielo haciendo brillar la superficie del mar..La irrupción del satelite blanco hizo que el agua cobrara una lucidez extraña, diría que casi sobrenatural...Y entonces sucedió...

De repente, me ví envuelto en una especie de resplandor, era tal su intensidad que casi me cegaba. Un halo de luz me atravesó de inmediato...no supe ni pude reaccionar...Luego fue todo oscuridad...y silencio.

Cuando por fin pude abrir los ojos lo primero que divisé fue un cielo plagado de estrellas. Una cálida brisa rozó mi cara. Parecía estar en el mismo sitio, pero todo alrededor había cambiado. Intenté, como pude, incorporarme. Eché una ojeada a mi alrededor sorprendido...

- ¿donde estaba el mar?. ¿donde estaba la gente? ¿donde me encontraba?...

Perplejo, me senté en una especie de risco. Me sentía aturdido. ¿que había pasado? ¿que extraña luz me había envuelto? y sobre todo...¿que sitio tan extraño era aquel?...

De pronto, en la oscuridad de la noche, una imagen a lo lejos me puso en alerta...Me levante asombrado. Aquella imagen me sonaba. Alguna foto había visto de las dimensiones de aquella montaña. Sabía de su poder, pero tambien de su leyenda...

- Aquello es...- balbucee-...¿el popo...Popocatépetl...?

- ¡¡Imposible!!- me grité- El volcán Popocatépetl está en méxico...

No podía creer lo que me estaba pasando...La forma del volcán era inconfundible. Pero yo estaba en canarias...y en canarias el Teide era el que presidia la isla, y no era para nada parecido al legendario volcán mexicano.

Metí la mano en el bolsillo. Saqué la cartera, introduje mis dedos, y cogí una estampa que tenía guardada con la leyenda azteca del popocatépetl...llamado también Don Diego, por el pueblo mexicano.



Observé detenidamente el dibujo...lo orienté hacia donde distinguía el gran monte, y suspiré...

-Es el Popocatépetl y  a su lado   Iztaccíhuatl...- me dije sorprendido- ¡estoy en mexico!...pero ¿como?...



Es el  Popocatépetl y a su lado Iztaccíhuatl...-la leyenda azteca...Dios mio, estoy en mexico...¿pero como?Es el Popocatépetl y a su lado Iztaccíhuatl...-la leyenda azteca...Dios mio, estoy en mexico...¿pero como?


Sin podermelo creer volví a mirar alrededor. Todo estaba en silencio. La oscuridad inundaba el lugar.Aún así la sombra del Popocatépetl era imponente. Mi cabeza trataba de encontrar una respuesta a todo aquello. 
- ¿como puedo estar en mexico si hace apenas un minuto estaba en la playa de mi isla de tenerife? - Un mar de dudas cubría mi mente- y sin embargo estoy aquí. Sin duda eso que veo es el Popo y esto es mexico. ¿como he llegado aquí?
De repente me sentí solo. Me senté en el suelo y traté de buscar una explicación lógica, pero no la hallé.
Suspiré de nuevo, apoyando mi espalda a una roca. Miré de nuevo el dibujo. Era la ilustración de una hermosa leyenda azteca...

"Hace ya miles de años, cuando el Imperio Azteca estaba en su esplendor y dominaba el Valle de México, como práctica común sometían a los pueblos vecinos, requiriéndoles un tributo obligatorio. Fue entonces cuando el cacique de los Tlaxcaltecas, acérrimos enemigos de los Aztecas, cansado de esta terrible opresión, decidió luchar por la libertad de su pueblo.
El cacique tenía una hija, llamada Iztaccíhuatl, era la princesa más bella y depositó su amor en el joven Popocatépetl, uno de los más apuestos guerreros de su pueblo.Ambos se profesaban un inmenso amor, por lo que antes de partir a la guerra, Popocatépetl pidió al cacique la mano de la princesa Iztaccíhuatl. El padre accedió gustoso y prometió recibirlo con una gran celebración para darle la mano de su hija si regresaba victorioso de la batalla.

El valiente guerrero aceptó, se preparó para partir y guardó en su corazón la promesa de que la princesa lo esperaría para consumar su amor.
Al poco tiempo, un rival de amores de Popocatépetl, celoso del amor de ambos se profesaban, le dijo a la princesa Iztaccíhuatl que su amado había muerto durante el combate.

Abatida por la tristeza y sin saber que todo era mentira, la princesa murió.

Tiempo después, Popocatépetl regresó victorioso a su pueblo, con la esperanza de ver a su amada. A su llegada, recibió la terrible noticia sobre el fallecimiento de la princesa Iztaccíhuatl.

Entristecido con la noticia, vagó por las calles durante varios días y noches, hasta que decidió hacer algo para honrar su amor y que el recuerdo de la princesa permaneciera en la memoria de los pueblos.Mandó construir una gran tumba ante el Sol, amontonando 10 cerros para formar una enorme montaña.

Tomó entre sus brazos el cuerpo de su princesa, lo llevó a la cima y lo recostó inerte sobre la gran montaña. El joven guerrero le dio un beso póstumo, tomó una antorcha humeante y se arrodilló frente a su amada, para velar así, su sueño eterno.


Desde aquel entonces permanecen juntos, uno frente a otro. Con el tiempo la nieve cubrió sus cuerpos, convirtiéndose en dos enormes volcanes que seguirán así hasta el final del mundo. La leyenda añade, que cuando el guerrero Popocatépetl se acuerda de su amada, su corazón que guarda el fuego de la pasión eterna, tiembla y su antorcha echa humo.   Por ello hasta hoy en día, el volcán Popocatépetl continúa arrojando fumarolas."



Al recordar aquella historia de amor no pude evitar emocionarme. Hermosa la historia de aquellos valientes guerreros. Posé mi mirada sobre las siluetas de  Popocatépetl (el gran guerrero) e Iztaccíhuatl (la bella princesa azteca), los dos volcanes eran impresionantes...parecían que ámbos volcanes daban vida a la leyenda...

Por un rato me quedé absorto observando los dos hermosos montes...sin darme cuenta en que poco a poco se dibujaba el amanecer...





Me quede absorto mirando las siluetas de Popocatépetl  e Iztaccíhuatl...sin darme cuenta de que amanecía...Me quede absorto mirando las siluetas de Popocatépetl e Iztaccíhuatl...sin darme cuenta de que amanecía...

Me puse en pie. Una sensación extraña me envolvía. Sentía una presencia. Notaba que alguien me estaba observando mas no veía a nadie. Miré a un lado, miré a otro pero parecía estar sólo en aquel lugar...
De repente sentí un murmullo...un susurro que parecía ininteligible, pero que iba a más...Me parecía escuchar mi nombre...
Sorprendido, miré a todos lados, pero seguía sin poder ver a nadie. 
La voz parecía femenina... suave, hermosa... con acento mexicano.. ¿Pero quien podía conocerme en aquella tierra lejana, que un dia habitaron los aztecas? ¿quien podría saber mi nombre en un lugar donde nunca había estado?
De pronto, aquella dulce voz, que surcaba el aire, la creí conocer. Su acento, su dulzura me era conocida...
Miré hacia atrás, y ví una mujer hermosa que se acercaba hacia mí...Era ella...Mi princesa azteca...aquella que en mis noches de juventud, se acercaba a mi en sueños, y que siempre prometía que alguna vez nos encontraríamos...
Allí estaba, frente a mi, con los brazos abiertos, y llamandome dulcemente...
- Aqui estoy mi mencey- susurró en un suspiro...
- aquí me tienes, mi princesa ...
Y nos fundimos en un abrazo eterno...
Yo no sabía como había llegado allí, pero ya no importaba...Sólo importaba que estábamos juntos para siempre, como aquel guerrero, y aquella princesa azteca, que presidian el amanecer...



Popocatépetl sosteniendo en brazos a su amada IztaccíhuatlPopocatépetl sosteniendo en brazos a su amada Iztaccíhuatl

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