viernes, 4 de diciembre de 2015

Y si hubieses dicho si...

 Hace ya un par de semanas, quedé con una mujer estupenda. Es una de esas mujeres que estuvo en el grupo, integrándose bastante en él, y que compartió con nosotros aquellas peculiares aventuras de juventud.

He de confesar que me ilusionaba, de sobremanera,  poder tener un ratito de conversación con una persona tan bella por dentro como por fuera. Decir que varios de nosotros estuvimos de alguna manera locos por ella. Pero de eso hace ya mas de veinte años...En todo este tiempo, apenas hemos hablado un par de veces, pero nunca habíamos tenido tiempo de pararnos y tomarnos un café...
Y aquel era el día...
LLegué primero que ella al lugar convenido. Nunca me gustó llegar tarde y menos con una amiga. La tarde era Otoñal, aunque el sol calentaba algo en Los jardines de la quinta de Roja, también llamado Jardines Victoria. Me senté en la terraza de Casa Egon,  con la vista puesta hacia el jardin que rebosaba vida. Al Fondo el Mausoleo del marqués de la Quinta de roja que preside dicho lugar masónico. Me ensimismé mientras esperaba en lo acertado de aquel lugar. Al parecer cuna masónica de La Orotava. Hubo un tiempo que existían multitud de arboles. Hoy es un jardín lleno de flores que hace eterna la primavera.
En esto estaba, cuando por el paseo atravesaba el jardín, una silueta de mujer me sacó de mis pensamientos históricos. Era ella. Su andar tranquilo era inconfundible. El tiempo parecía que no habia pasado por ella.  Es más, el pasar de los años le favorecía, parecía ganarle la batalla al tiempo. Y pensar que, en algún momento la tuve en mi corazón, sin atreverme nunca a nada.
Y allí estaba...Ella, que sin mediar aún palabra, me abrazó y nos dimos dos besos.
       - Hola. ¿Cómo estás? - me dijo, mientras se sentaba...
       - Bien mi niña...en buena compañía...
Ambos nos reímos.
La camarera apareció y pedimos. Ella un Té y yo un cafecito, ya que a esa hora de la tarde apetecía...
Mientras nos servían, comenzamos a hablar de nuestras vidas, de como nos iba. Del trabajo, de la gente...de los años....y fue justo entonces cuando, la atmosfera comenzó a cambiar. La conversación comenzó a hacerse más interesante...más intima, tal vez. Parecía el momento de compartir nuestros secretos.
De pronto el grupo se convirtió en protagonista, luego fuimos nosotros...Hablamos de este y del otro...de la otra y de aquel...de por que si y por que no...
La intimidad de aquellas palabras se tornó aún mas. El lugar, el ambiente y nuestra amistad lo requería.
Y al final, tomando el sorbo de mi segundo café, con el sol iluminando las montañas, una frase nacida de su boca, aunque yo diría de su alma, me sorprendió...
       - Y si las cosas hubiesen sido diferentes...y si hubieses dicho si...Y si, con todo, te hubieses atrevido.
Aquella frase me desarmó. Y me vino a la memoria aquella chica de  principio de los 90, que cada vez que podía estaba a mi lado. Aquella compañera del instituto que siempre me ayudaba. Sí. Recuerdo como me gustaba, pero la veía inalcanzable para mí. Otros estuvieron por ella,pero nunca la ví salir con nadie...
       - ¿a que te refieres? - le pregunté...
       - ¿No te acuerdas? - me dijo con una sonrisa picara...
La miré a los ojos fijamente, y mi corazón dió un vuelco...Aquellos ojos castaños me hicieron retroceder veinticuatro años atrás. Allí en el nuevo instituto tuvimos aquella extraña conversación... y recuerdo que me dijo algo así como..." quiero contar contigo si me dices si"...
Nunca le dije sí...y aquello quedó allí, entre nosotros. Pero ella se acordaba.
       - Si te hubiese dicho sí, en aquella ocasión- le dije cogiéndola de la mano- tal vez no estaríamos aquí hoy, y no hubiésemos vivido la vida que hemos vivido. No sé como hubiesen sido las cosas, pero tal vez, hubiesen sido maravillosas. Pero aquí estamos los dos, después de veinte años, disfrutando de un café y un trozo de dulce. y eso no se paga con nada, querida.
Nos levantamos de la mesa, y nos abrazamos. Nunca me lo hubiese imaginado. Sonreímos...
Ella me cogió del brazo, y recorrimos así, aquel paseo presidido por al mausoleo.  Cuando llegamos al final del mismo, nos paramos para despedirnos.
    - En aquel tiempo, de alguna manera, hice lo posible para que supieras lo que sentía, pero no parecías darte cuenta...
    - En aquel tiempo, tuve miedo, y pensé que eras mucho para mí. Que nunca me mirarias...
Me volvió a dar la mano y me susurró..."y si hubieses dicho si..."
Me dio un beso en la mejilla, sonrió de nuevo...-¡¡hasta el próximo café!! - gritó mientras se alejaba.
    - Hasta el próximo café - contesté, aun aturdido...
La seguí con la mirada hasta que desapareció...
Empezaba a hacer frío...comenzaba a anochecer...

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